martes, 10 de septiembre de 2013

XXXIV Trofeo Fiestas de Barbastro


Tras el paréntesis veraniego, la competición open aragonesa se reanuda con las “clásicas oscenses de final de temporada”: Barbastro, Fraga, Binéfar y Monzón. La primera de ellas felizmente recuperada tras el paréntesis del año pasado. El mes de septiembre se inauguraba con la disputa, sobre un circuito urbano, de la trigésimo cuarta edición del Trofeo Fiestas de Barbastro. Una cita a la que no falta El Carajillo Alegre desde 2008 y que en esta ocasión contó con la representación de Dani y Felis. Los demás hicieron honor a aquel proverbio que reza: “Las excusas son como el culo: todos tenemos uno” (con perdón). Los Rubenes adujeron causas dispares: uno tenía que acumular antigüedad en la fábrica, aunque él prefiere denominar a esta acción “trabajar”, mientras que el otro todavía estaba convaleciente de la lesión ocasionada por la caída en el reciente Campeonato de España. Carlicos, tras ser obligado a pagar un suplemento especial por el uso y abuso del buffet libre del crucero que disfrutó la semana anterior, decidió quemar las calorías obtenidas en dicha empresa en las carreteras pirenaicas aledañas a su base de operaciones sita en Villanua. En aras de mantener las buenas formas y el decoro que caracteriza a esta publicación, omitiremos el comentario de Gerardo ante el requerimiento hecho para participar en la carrera que nos ocupa.


Una buena participación y un buen clima son, sin duda, ingredientes esenciales para condimentar una excelente jornada de ciclismo. Quizá faltó mayor presencia de las categorías élite y sub-23, pero esta carencia se vio compensada con mayor afluencia de ciclistas jóvenes. La carrera la ganó el “socialista aragonés” por excelencia de esta temporada, Javier Paules, que tras imponerse en las “sociales” de Lanaja y Huesca (Memorial Cabrero), hizo lo propio en esta de Barbastro. Lo cual reafirma sus credenciales para las venideras. Por lo que a la dupla de carajillos respecta, destacar la mala suerte de Dani que sufrió una avería mecánica que le impidió disputar un puesto en la zona noble de la clasificación, mientras que Felis subió al podio como segundo máster-40 luego de clasificarse en la séptima plaza de la carrera. Mas esto último no deja de ser una anécdota fútil, ante el privilegio de poder disfrutar de un vermut post-competición en una terracica de una calle perdida del Barranqué con compañía amiga.