martes, 19 de agosto de 2008

La Ruta de Los Cucuruchos

Capi y Gerardo en Lizara, escoltados por los colosos Bisaurín y Napazal.

Aprovechando el maravilloso puente de Agosto y la coincidencia de algunos carajillos por latitudes pirenaicas, realizamos el pasado domingo una bonita ruta por la zona de la Jacetania. Los ínclitos que tuvieron a bien cumplimentar la “Ruta de Los Cucuruchos” (versión XXL) fueron José Luis Capilla, Gerardo y Felis.

Para quien sea desconocedor del itinerario de la “Ruta de Los Cucuruchos”, decir que es un recorrido por las localidades de Aratorés, Borau, Aísa y Jasa, con multitud de variantes, todas ellas dependientes de los cortos, pero duros puertos del Angelé, Puyarón, Aisa y Bal d’Aisa, por cualquiera de sus vertientes. Pero en esta ocasión decidimos hacer la versión XXL que no es otra que ir, una vez en Jasa, hasta Lizara y volver por el mismo sitio, o sea, siete “cucuruchos” y un desnivel de unos 2.120 metros en apenas un centenar de kilómetros.

Comenzamos la ruta con algunos compañeros del C.C. Mayencos de Jaca, pero a medida que avanzaba la misma, decidieron dejarnos solos en nuestro empeño. Seguramente nuestro tema de conversación no era de su interés o, simplemente, tenían prisa por ir a misa.

Entrenar por el Pirineo con José Luis tiene sus ventajas. Pocos mortales velocipédicos tienen la fortuna de disfrutar durante el entrenamiento del majestuoso canto de un córvido, de la apresurada carrera de un mustélido para evitar ser atropellado por nuestras bicicletas al cruzar la carretera, del placentero sestear de un cánido o del torpe galope de unos bisoños bóvidos al verse perseguidos durante unos metros por tres bicicletas, ignorantes de que dentro de unas pocas semanas, cuando crezcan sus astas, el cariz del “encierro” tomaría otros tintes y, a ciencia cierta, perseguidores y perseguidos cambiarían sus papeles. Pues todo esto sólo es perceptible si vas en compañía de José Luis Capilla.

Si no hubiéramos disfrutado de la misma, apenas habríamos reparado en el graznido de un negruzco cuervo, ni hubiéramos apreciado la fortuna de cruzarnos con una escurridiza comadreja, ni la siesta de un perro habría llamado nuestra atención, después de ver correr delante de nosotros a cuatro terneros.

Lo que sí es digno de mención es la belleza del paisaje por el que disfrutamos con nuestras bicicletas.

Capi y Felis disfrutando de este paradisiaco rincón del Pirineo Aragonés.


En el plano más técnico, aprovechamos el entrenamiento para hacer una suerte de prueba de esfuerzo que nos permitiera fijar nuestros umbrales específicos. De tal manera, el test realizado nos dio nuestros pulsos para cada zona cardiaca:

- “Umbral graciosillo. Éste se alcanza cuando no llega riego sanguíneo a la totalidad del cerebro y es la parte más seria del mismo, la que no es irrigada. La sangre sólo llega a la parte “cachonda” del cerebro y notamos como las pocas fuerzas que quedan se emplean en soltar gracias y chistecicos como mecanismo de autodefensa que permita desviar la atención del esfuerzo al compañero que nos está maltratando en ese momento.


- “Umbral del humor propio”. Generalmente se alcanza con diez pulsaciones más que el anterior. En esta frecuencia cardiaca, se suelen soltar ocurrencias que sólo hacen gracia a quien las dice y que maldita la gracia que les hace al resto de grupeta. Por ejemplo, Gerardo tiene unos valores fuera de lo común en esta zona de esfuerzo.


- “Umbral off the record”. En los dos umbrales anteriores, todas las emisiones sonoras se realizan desde el diafragma, emulando a las más afamadas figuras del canto lírico. En el umbral que nos ocupa, ya es imposible emitir sonido articulado alguno y, tras un recurrente “despedimos la conexión”, sólo somos capaces de emitir sonidos guturales y resoplidos varios. Pulsaciones: en alguna ocasión, se han llegado a ver cuatro dígitos, eso sí, de manera borrosa.

Lo mejor del entrenamiento fue la fase de sobrecompensación al llegar a Jaca. Chemica se encargó de prepararnos unas series de jarra de cerveza en chiringuito de piscina, con intervalos de sorbo en sorbo y recuperación libre (hasta volver a tener sed).

Una vez más, hemos sacado brillo a nuestro lema: Enjoy Cycling.